Rose Gang convierte Medellín en punto de encuentro con “Chiba Chiba”
Rose Gang, un colectivo con acentos de Japón, Colombia y Venezuela, estrena sencillo y apuesta por una identidad que no cabe en una sola bandera.
Hay músicas que no preguntan de dónde vienes antes de dejarte entrar. Viajan en las maletas de quienes migran, se instalan en los barrios que toman ritmos prestados hasta volverlos propios y suenan mejor cuando nadie intenta que suenen igual. Así empieza la historia de Rose Gang, un colectivo con base en Medellín donde confluyen artistas de países, orígenes y tradiciones distintas.
El 30 de septiembre de 2026 llegó “Chiba Chiba”, el sencillo con el que el grupo se presenta ante el público. Más que una canción suelta, es la primera puerta de una casa más grande, un movimiento que se estira más allá de los bordes tradicionales del hip hop y de la música urbana latina.

Los cuatro que llegaron de lejos
Para entender el sonido hay que mirar el mapa que cada integrante trae consigo.
Rob Rose nació en Estados Unidos, pero creció en Yokosuka, Japón. Esa infancia al otro lado del mundo le dejó una mirada internacional y, sobre todo, una voz: grave, inconfundible, que se mueve entre el hip hop, el R&B y el trap soul y le da al grupo buena parte de su textura.
Eichem lleva a Cali en el acento y en el pulso. Su identidad musical se alimenta del dancehall y de los ritmos urbanos latinos. Pablo Medina, desde Medellín, pone su propio estilo urbano colombiano sobre la mesa. Y el venezolano Clandes completa el cuadro con otra dimensión cultural, la de quien también sabe lo que es construir un lugar lejos de casa.
Son cuatro trayectorias que parecían caminar en direcciones distintas y terminaron encontrándose. Juntos hablan de una generación que entiende la música como lenguaje universal y no como algo que la geografía pueda dictar.

Una canción como carta de presentación
En “Chiba Chiba” suenan Rob Rose, Eichem y Pablo Medina, y en esa mezcla de voces se adivina la química del colectivo y el camino que quiere recorrer. El sencillo resume su manera de trabajar: juntar estilos y experiencias sin pedirle a nadie que se disuelva en el grupo.
Rose Gang no busca una etiqueta cómoda. Prefiere moverse con naturalidad entre el hip hop, el trap, el dancehall, el R&B y los sonidos urbanos latinos, como quien cruza una frontera sin detenerse en la aduana.
Medellín como punto de encuentro
La ciudad se ha vuelto el hogar creativo del colectivo, un lugar de cita para artistas con recorridos internacionales y una pasión compartida por la cultura urbana. Pero la ambición de Rose Gang no cabe en un solo mapa.
Del Japón de la infancia de Rob Rose a las raíces colombianas de Eichem y Pablo Medina, y de ahí al origen venezolano de Clandes, el grupo es una muestra de lo que pasa cuando las culturas deciden colaborar en lugar de competir. Y la apuesta no termina en lo grabado: el colectivo quiere construir una plataforma cultural con narrativa visual, espectáculos en vivo, colaboraciones con otros artistas y trabajo con la comunidad.

El viaje apenas comienza
“Chiba Chiba” es el primer capítulo de una presentación que promete continuar con nuevos lanzamientos, presentaciones y alianzas creativas. La intención, dicen, no es sumar un grupo más a la lista de la música urbana, sino levantar una identidad internacional en la que cada artista pueda defender sus raíces y, al mismo tiempo, hablarle a públicos de otros idiomas y otras latitudes.
Rose Gang parece recordar algo sencillo: no hace falta venir del mismo lugar para avanzar en la misma dirección. Y con “Chiba Chiba”, el viaje apenas empieza.
Escucha “Chiba Chiba” aquí:
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